Victor Erice II

VICTOR ERICE, PARTE II

Y el inexorable paso del tiempo

<< Víctor Erice: " No distingo entre documental y ficción. La ficción está siempre presente en la mirada propia, en el yo personal">>

En la anterior publicación conocimos los inicios de Víctor Erice y nos acercamos a dos obras maestras de su filmografía, como son El Espíritu de la Colmena y El Sur. En este artículo profundizaremos un poco más en la figura de un director imprescindible del cine español y también hablaremos de tres de sus obras más personales y desconocidas por el gran público: El Sol del Membrillo (1992), el cortometraje Alumbramiento (2002) y el mediometraje La Morte Rouge (2006).

Como ya expliqué en la anterior publicación, el pasado jueves 21 de marzo tuve la oportunidad de acudir a un coloquio en el que participaba Víctor Erice junto al crítico y cineasta Paulino Viota en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. 

El pintor Antonio López

El motivo de este encuentro era la proyección de la copia restaurada de El Sol del Membrillo (1992), el tercer y último largometraje dirigido por el propio Erice hasta la fecha, el cual es para mí su obra cumbre, aquella en la que el cineasta vasco alcanza el culmen de su narrativa poética.

El Sol del Membrillo (1992) es una obra simplemente maravillosa, en la que Erice acompaña al pintor Antonio López en su proceso de creación durante la realización de la pintura de un árbol membrillero que hay en su jardín. Con extrema precisión, Erice construye un discurso poético y narrativo que trasciende la pantalla y sumerge al espectador dentro del hogar del pintor, muy cerca de la estación de Chamartín.

Victor Erice y Antonio López

La película está considerada un documental, pero su cercanía a la ficción hace a menudo replantearse su naturaleza. Ante esto, Erice afirmó durante el coloquio del pasado jueves 21 de marzo que él no distingue entre documental y ficción, ya que, “si bien las estrategias y procedimientos que se llevan a cabo en cada uno de ellos son diferentes, las diferencias existentes entre ambas disciplinas son de rango menor. La ficción está siempre presente en la mirada propia, en el yo personal”.

Partiendo del hecho de que la película nacía de un acontecimiento que no había sido planteado en su origen para ser filmado, Erice confesaba el desafío que suponía este proyecto: cómo pasar de la dimensión objetiva que contiene la estrategia documental a la dimensión subjetiva de los sueños que alberga el cine. Una dimensión, la onírica, que es intrínseca al propio proyecto, ya que el nacimiento de éste viene derivado de un sueño recurrente que Antonio López tenía sobre los árboles membrilleros y que, tras compartirlo con Erice, despertó en éste su curiosidad.

<< Victor Erice: " Yo hice la película en parte para descubrir qué había detrás de ese sueño">>

La misma curiosidad que en sus otras películas azotara a Ana, Estrella o al gato negro de Alumbramiento y de la que nacen sus mágicas historias. “Yo hice la película en parte para descubrir qué había detrás de ese sueño”, dijo Erice durante el coloquio. Con ese deseo, Erice preparó el documental sin un guion establecido, con un presupuesto reducido y un equipo técnico limitado, pero con una planificación exhaustiva y la ambición de crear una pieza artística a la altura de la pintura de Antonio López.

<< El Sol del Membrillo es una obra contemplativa excelsa, en la que pintor, árbol y espectador se funden en uno solo>>
El membrillo

Y en mi opinión lo consiguió. El resultado es una obra contemplativa excelsa, en la que pintor, árbol y espectador se funden en uno solo. Como bien apuntó Paulino Viota durante el coloquio, la actitud de Víctor Erice frente a Antonio López es casi idéntica a la de Antonio López con el membrillero, ya que ambos artistas despliegan un dispositivo técnico muy similar, de precisión extrema.

Con un estilo simétrico, de planos casi frontales, Erice plasma el proceso creativo de Antonio López del mismo modo que el pintor realiza su obra, en una especie de ritualización respecto al paso del tiempo, donde ambos autores dejan su huella de una u otra forma. Dos procesos simultáneos que confluyen en uno de los finales más bellos de la historia del cine español, de nuevo en la brecha entre la realidad y los sueños.

Es quizá ésta la obra más personal de Víctor Erice, con permiso de La Morte Rouge, donde su estilo poético se entremezcla con una meticulosa planificación, acompañando el relato como la mano de Antonio López acompaña su pincel. El Sol del Membrillo fue galardonado con el Hugo de Oro del festival de Chicago, así como el premio FIPRESCI y el Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes, recibiendo una gran ovación durante la proyección.

La cámara y el membrillo

Desgraciadamente, el visionado de esta película es complicado. La versión original española en DVD/BluRay se encuentra descatalogada en nuestro país, por lo que solo se puede acceder a ella si se compran o alquilan versiones de otros países, como por ejemplo la versión portuguesa, O Sol do Mermeleiro.

<< Alumbramiento supuso para mí una de las experiencias visuales y auditivas más placenteras de mi vida >>
Cortometraje Alumbramiento

Cabe destacar aparte dos obras muy interesantes que Víctor Erice realizó durante los años posteriores. Alumbramiento (2002) es un cortometraje de diez minutos que Erice dirigió para el proyecto Ten Minutes Older: the trumpet, un film colectivo en el que intervinieron otros aclamados cineastas. Debo confesar que Alumbramiento supuso para mí una de las experiencias visuales y auditivas más placenteras de mi vida. 

Como si de una poesía se tratase, el montaje coordina rítmicamente todos los elementos con gran maestría logrando una sinfonía de planos, composiciones y sonidos de una belleza sobrecogedora. De nuevo, en este cortometraje aparecen temas recurrentes de Erice, principalmente la infancia y el paso inexorable del tiempo.

Alumbramiento está disponible en baja calidad y con formato recortado en YouTube (https://youtu.be/mR-I1FDOr4g) o como contenido extra del DVD/BluRay de La Morte Rouge.

Cortometraje La Morte Rouge

Por su parte, La Morte Rouge (2006) es un mediometraje documental que se exhibió en Barcelona con motivo de la exposición Erice. Kiarostami. Correspondencias, una serie de diez intercambios en forma de videocartas con el también director Abbas Kiarostami. En La Morte Rouge, Erice narra su primera experiencia con el cine, cuando tan solo era un niño de seis años, y de cómo la película La Garra Escarlata ejerció una tremenda influencia en su vida. De nuevo la infancia, el enfrentamiento con los peores temores y la curiosidad que antecede al descubrimiento de una verdad aterradora son los temas que vertebran esta historia personal de tremenda belleza.

La Morte Rouge está disponible en DVD/BluRay en una edición portuguesa, junto a una amplia variedad de contenidos extra.

<< Su cine es poesía, belleza, confeccionado con la misma sensibilidad y pureza que albergan los ojos inocentes y curiosos de Ana, de Estrella, de Antonio y de él mismo >>
Victor Erice

En definitiva, este ciclo de películas del cineasta vasco me hizo conocer el “mundo Erice” y sumergirme en una riqueza narrativa y sensorial apabullante, donde la realidad dentro de la ficción y lo onírico confluyen, a menudo no llegando a discernir en qué dimensión se desarrollan los hechos.

Cada uno de sus planos, tratados con extrema sensibilidad y delicadeza, comprenden en su conjunto un todo coordinado, un camino cinematográfico que bajo la precisa visión narrativa de su director encauzan cuidadosamente al espectador como un padre hiciera con su hijo a través de un hermoso bosque.

El cine de Víctor Erice habla sobre sí mismo, de manera autoconsciente o no, y como respuesta a una enorme admiración y gratitud que Erice tiene sobre el séptimo arte. Así lo confirmó en aquel coloquio, diciendo: “Yo nunca podré devolver al cine todo lo que éste ha hecho por mí”. Todas sus películas guardan puntos en común y conviven armoniosamente como las abejas de una colmena conviven con su entorno. Su cine es poesía, belleza, confeccionado con la misma sensibilidad y pureza que albergan los ojos inocentes y curiosos de Ana, de Estrella, de Antonio y de él mismo. Su larga pero admirable carrera, llena de pocas pero excelentes películas, ha consolidado a Víctor Erice como uno de los cineastas españoles más completos e interesantes de nuestra filmografía.

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